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Recuperé mi vida, la vida que el TCA me arrebataba.

Al llegar por primera vez a un grupo de auto-ayuda me enteré que la comida podía producir un tipo de adicción (en mi caso, especialmente a ciertos alimentos como azúcares y harinas refinadas), me dijeron que quizá era como las personas que presentan adicción a determinadas sustancias, pero en mi caso con la comida, ya que una vez que probaba el primer bocado, me era imposible detenerme.

No necesitaron convencerme, pues mi experiencia con la comida desde muy temprana edad me lo había demostrado una y otra vez, constantemente me atracaba y llegaba al grado de vomitar, una vez vomitando podía iniciar el ciclo sin poder parar, me queda claro ahora veo qué tan parecido es mi trastorno alimenticio al de una persona que consume alcohol o a cualquier otra sustancia.

No he vivido los delirios del alcoholismo, ni siquiera me he puesto hasta atrás alguna vez (como dicen los que beben mucho), pero sí he experimentado esa impotencia y esa falta de control de mi vida con la comida en mi caso.

Cuando estaba en el atracón me sumergía en una actividad compulsiva y la vida en la actividad de compulsión era una vida muerta para mí, los acontecimientos y las personas daban vueltas en mi cabeza, se veían diferentes, en ocasiones más placenteras, en otras más angustiantes y mientras tanto, la zozobra de la parálisis y de no saber hasta cuándo iba a poder parar.

Una vez retacada de comida, hasta el punto de que ya ni el aire entra, surgían las ganas de vomitar, de echar fuera todo lo que había comido y de paso todo el dolor, y lo que en el fondo odiaba de mí misma, en momentos como esos juraba ala vida que mañana no sería igual, sin embargo, estuve sumergida en una fantasía donde por un momento casi lo creo, pero en el fondo sabía que una vez que mi estómago estuviera ligero estaría dispuesta a degradarme nuevamente por un pedazo de pan, a decir lo que no quería decir, a estar con la gente que no quería estar, a correr de un lado a otro con la desesperación de llevarme algo a la boca.

Y la dignidad y el respeto se iban como el hilo de una media, el odio a mí misma se hacía más potente, me envolvía, me acorralaba y me entrecortaba la respiración tras la preocupación constante de saber quién era verdaderamente, entonces venía el peor de los estados: el miedo.

Toda la seguridad y el placer que creí sentir cuando emprendía toda esa corretiza se revertían sobre mí bajo la forma de un terror inconsolable, ahí se alberga la desesperanza y la certeza de que toda yo era un error, la vida parecía tan amenazante que lo único que pedía era no despertar al día siguiente.

Así era mi vida, hasta que después de varios intentos de controlarme yo sola y queme atendieran varios profesionales de la salud, decidí pedir ayuda, con el apoyo de mi familia, encontré al principio un poco de tranquilidad, un lugar para detener mi forma desesperada de comer, comprendí que yo no era una mala persona, mi vergüenza y miedo disminuyeron, fui ganando confianza poco a poco en mi misma y a quererme de otra manera más sana, comprendí mi padecimiento de Trastorno de la Conducta Alimentaria, que en mi caso es llamada BULIMIA NERVIOSA y que por cualquier razón y distintos factores, desarrollé esta adicción a la comida desde pequeña, ahora entiendo que necesito un lugar donde me sienta protegida para aprender cómo cuidar de mí.

He aprendido de mí misma, de mi personalidad, de mis maneras de reaccionar ante mis propios sentimientos y las acciones hacia demás, cómo y cuándo se disparan mis deseos de volver a tener estas conductas compulsivas, cómo y cuándo se disparan mis ansiedades o mis estados de ánimo bajos, o mis miedos, he sanado relaciones con personas que dañé por mi trastorno, dolor y la angustia que hice vivir a mis padres, mi novio y mis amigas.

Hoy por hoy estoy mejor que nunca, gracias a dios y a mi familia por haberme apoyado, ahora puedo decir que para poder salir adelante necesitaba ser yo.

Testimonio anónimo.